Una sola rosa palpitó de frío: fue el mismo frío, sin duda, el postrer adiós que sin saber que era el último, nos dimos, prendidos de las manos, en la vaga esquina del día. Ya no te quiero. Pero te quise siempre y el postrer crepúsculo, el nuestro, fue de ceniza.
( INDÍCAME QUE ME HAS VISTO EN LOQUOVIP CUANDO LLAMES )